Francisco Alfonso Pino nació en la ciudad de Florida, municipio de la provincia de Camaguey, Cuba el 21 de sept. de 1950. Se incorporó muy joven al Ajedrez representando a su provincia en eventos nacionales desde 1969. Con el paso de los años inicia su carrera como Arbitro a la vez que imparte clases en diferentes niveles de enseñanza. En la década del 80 estuvo como Instructor de Ajedrez colaborando en la República de Angola y posteriormente a su regreso a Cuba retoma sus funciones arbitrales, hasta vencer los requisitos para obtener el título de Arbitro Internacional de Ajedrez. Como tal trabajó en varios Torneos Internacionales -Migoya in Memoriam, Capablanca in Memoriam, Guillermo García in Memoriam, etc.-. Además, Pino fue un destacado Arbitro en los Juegos Nacionales Escolares y Campeonatos Juveniles de Cuba, atendiendo a su gran conocimiento del Sistema Suizo y a su habilidad para la realización manual de los pareos.
Desde su llegada a República Dominicana en 1995 para actuar de Arbitro en el Torneo de los Inmortales, se reafirmó como un gran entusiasta del Ajedrez e intervino en la gran mayoría de los eventos celebrados en el país y recorrió toda la geografía nacional dando Cursos de Arbitraje, organizando Torneos, actuando como Arbitro, impartiendo clases de Ajedrez, etc, etc.
Francisco Alfonso -conocido en Cuba como el Jabao de Camaguey- fue un luchador incansable por el bien del Ajedrez. Desprendido, humilde, conciliador y con un carácter jovial, Pino se ganó el aprecio de los aficionados y jugadores que le conocieron en todos los rincones que llevó el Ajedrez. Para muchos fue el "helmano", el socio, el cubano o simplemente para todos, el amigo Pino.
Siempre puntual, creciéndose ante las dificultades, buscando soluciones a los problemas que se presentaban en cada ronda, imponiéndo su carácter, mandando a hacer silencio, etc., constituyen aspectos de Pîno que no podremos olvidar.
Su valiosa colaboración con el desarrollo de la Enseñanza del Ajedrez y fundamentalmente su aporte al arbitraje en República Dominicana fue innegable y en cada evento que transcurra a partir de su ida sentiremos profundamente la ausencia del entrañable Pino, el Jabao de Camaguey.
Nelson Pinal Borges.
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